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Messi y la construcción del liderazgo: del talento individual al desafío colectivo

A veces creemos que solo basta con nacer con talento, que todo es inmediato y que el mañana es el último día de nuestras vidas. Y sí, vivimos en un tiempo en el que todo llega ya: el mercado nos vende productos que prometen tener…

00:025 min de lectura
Andrea Galarza
Columna de opinión
Andrea Galarza
Politóloga Asesora Política

A veces creemos que solo basta con nacer con talento, que todo es inmediato y que el mañana es el último día de nuestras vidas. Y sí, vivimos en un tiempo en el que todo llega ya: el mercado nos vende productos que prometen tener la solución más rápida a todos nuestros problemas.

Y esas expectativas también las depositamos en los líderes que nos rodean, creyendo que, por tener un rol, una responsabilidad o un carisma que se destaca por sobre los otros, tienen soluciones mágicas. Lo cierto es que algunos proyectos se construyen de a poco y el éxito tarda en llegar.

Los argentinos tenemos la mala costumbre de querer encontrar un Mesías en todos los ámbitos de nuestras vidas, y puede resultar algo lógico porque pareciera que, en la tierra prometida del siglo XIX y el famoso granero del mundo, la materia prima crece sin la necesidad de forzar. Quizá cuando reconocemos nuestras virtudes nos oímos hasta un poco egocéntricos, pero la realidad nos demuestra que siempre hay un argentino que se destaca.

Algunos proyectos se construyen de a poco y el éxito tarda en llegar.

En este sentido, el caso Messi es el de un líder que merece el reconocimiento. Si bien hubo antes otros deportistas que se destacaron por su humildad, su sentido de pertenencia y los logros colectivos que consiguieron con el pabellón nacional, como Manu Ginóbili o Lucha Aymar, no son los mismos sentimientos los que nos despiertan el básquet o el hockey. Tampoco son deportes que reciben la misma atención que el fútbol en materia económica.

Pero, continuando con el liderazgo que nos propuso Lionel, se deben destacar valores como la perseverancia y la resiliencia. Resultaba extraño cómo un país con futbolistas destacados en todo el mundo no podía conquistar campeonatos para la alegría de sus compatriotas. Resultaba cierto, en esos momentos, que nadie era profeta en su propia tierra.

Pero Messi plantea un factor que no muchas veces nos toca. Los argentinos somos capaces de sobrevivir a todo tipo de crisis política y económica porque economizamos, aprendemos a sobrevivir con lo básico y con poco hacemos milagros, pero nuestros problemas históricos son los que resultan de la abundancia.

En el liderazgo que propuso Lionel se deben destacar valores como la perseverancia y la resiliencia.

Fueron pocos los que pudieron conducir eficientemente cuando los recursos abundaban. A nuestro líder le tocó, en 20 años, convivir con figuras con prestigio, trayectoria y egos definidos a principios de su trayectoria y con personajes que recién empiezan al final de la misma.

Es por eso que se debe resaltar la coherencia de persistir en un objetivo. El sueño de todos los profesionales era consagrarse campeones, pero el logro iba más allá porque la responsabilidad de la conquista era de más de 40 millones de argentinos.

Salir de un agotador aislamiento causado por la pandemia, que nos alejaba de los seres queridos en 2020, nos reunía para celebrar la consagración de los mejores de América y nos esperanzaba en pensar en un posible campeonato mundial en 2022. Parecía que los planetas se alineaban y todo se daba. Ellos nos pedían creer y lo cumplieron.

Así fue que los logros se siguieron sumando y demostraron que el equipo estaba consolidado, pero el gen argento volvió a revivir y a exigir un poco más. La melancolía jugaría un rol fundamental y las generaciones que vieron jugar a Maradona iban por otra conquista histórica: volver a ganarle a Inglaterra.

Los líderes que tienen claros sus objetivos saben cómo utilizar sus dones en pos de un bien colectivo.

Y ahí, otra vez, el argentino volvió a mezclar geopolítica con deportes, historia y sentimientos. El equipo salió victorioso en un triunfo que los desgastó física, mental y emocionalmente. No alcanzó para otro título, pero sí para ganarle a quien nos quitó un pedazo de tierra a costa de vidas y sueños de miles de jóvenes.

Y como el fútbol nos traspasa, la bandera “Las Malvinas son argentinas” no solo abrió debates en la FIFA, sino también en el escenario de la política mundial, y la política nacional tomó el tema para aprovecharlo e instalarlo en la agenda del Gobierno.

En este sentido, nuestro carismático líder supo que hasta acá llegó. Retirarse a tiempo también habla de ser visionario, de entender que las misiones tienen un tiempo. El objetivo deportivo se cumplió con creces y el ánimo de un país cambió. La unión nacional se dio y no solo duró un Mundial, sino que continúa con una agenda política.

Retirarse a tiempo también habla de ser visionario, de entender que las misiones tienen un tiempo.

En nuestra historia hubo pocos que supieron que su momento tenía fecha de caducidad. Los líderes que tienen claros sus objetivos saben cómo utilizar sus dones en pos de un bien colectivo.

Seguramente Alfonsín hubiese querido terminar su mandato presidencial, pero sabía que la democracia era frágil y que las instituciones no estaban en condiciones de arriesgar por ego. Su objetivo era consolidar la democracia para todos los tiempos y lo logró.

Ambos, aunque lejos están de ser similares, cedieron a las próximas generaciones el poder de continuar y acrecentar los logros obtenidos.

Fuente: EL DATO

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